Las operaciones fraudulentas del banco HSBC: Tráfico de armas, drogas y el oro de Pinochet

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A inicios de esta semana, el Subcomité de Investigaciones del Senado de Estados Unidos difundió un informe sobre operaciones de lavado de dinero y financiamiento terrorista, canalizadas a través del banco HSBC.

Desde 2002, de acuerdo a lo señalado por el reporte, el gigante bancario fortaleció a carteles de la droga en México e ignoró advertencias de que sus cuentas estaban siendo utilizadas para financiar a sospechosos de terrorismo, entre ellos miembros de Al Qaeda, a través del banco Al Rajhi de Arabia Saudita.

La audiencia senatorial celebrada el pasado martes en Estados Unidos dejó entrever que las operaciones inusuales ya habían sido detectadas en múltiples auditorías, cuyos resultados fueron ignorados por directivos y reguladores. La denuncia generó rápidamente un escándalo, forzando la dimisión del jefe de control del banco británico, David Bagley, y el cierre de 20 mil cuentas vulnerables al blanqueo de dinero en Islas Caimán.

En la página 69 del informe del Senado estadounidense (descargar aquí), el ex director de HSBC México, Leopoldo R. Barroso, admite que cerca del 70% de las operaciones de lavado de dinero de tal país, funcionales al tráfico de sustancias ilícitas, pasaron a través del banco. El presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) de México, Guillermo Babatz, señaló este miércoles que las irregularidades no serán indagadas en el ámbito penal, sino que simplemente quedarán como una falta administrativa.

HSBC tiene sucursales en 80 países, incluido Chile, y provee servicios a otros bancos. Sus orígenes se remontan a 1865, cuando Hong Kong era colonia del imperio británico. En su libro Narcotráfico S.A., el autor y político Lyndon LaRouche señala que HSBC, antes llamada la Corporación Bancaria de Hong Kong y Shanghai, sirvió como el “centro bancario para la guerra de opio del imperio británico”, continuando sus operaciones de narcóticos hasta la actualidad.

LA SOMBRA DEL NARCOBANCO B.C.C.I.

En 1988, el Banco Internacional de Crédito y Comercio (B.C.C.I.) fue el foco de un escándalo similar al que hoy remece a HSBC. Fundado en 1972 por el financista paquistaní Agha Hasan Abedi, el banco quebró tras conocerse su participación en numerosas actividades criminales, tales como tráfico de drogas, lavado de dinero, y financiamiento encubierto de células terroristas.

En medio del denominado caso de Irán-Contras, el comisionado de Aduanas de Estados Unidos, William von Raab, admitió que la CIA usó cuentas del B.C.C.I. para transferir dinero y armas a los Mujahideen (antecesores de Al Qaeda) con el fin de expulsar a los soviéticos de Afganistán. Para aquel entonces, Osama Bin Laden dirigía la célula terrorista a favor de Estados Unidos.

A mediados de los ochenta, otros dineros manejados a través del B.C.C.I. fueron transferidos a grupos armados opositores a la revolución sandinista en Nicaragua, más conocidos como los Contras. Los fondos fueron “enviados a Arabia Saudita para disfrazar sus orígenes en la Casa Blanca” y luego “depositados en una cuenta de B.C.C.I. mantenida por el líder de los Contras, Adolfo Calero”, según reveló el ejemplar del 24 de junio de 2001 de la revista TIME.

En el libro False Profits: The Inside Story of B.C.C.I., los autores Peter Truell y Larry Gurwin señalan que el B.C.C.I. también manejaba las fortunas de dictadores como Saddam Hussein, Samuel Doe y Manuel Noriega, quien a su vez blanqueaba ganancias del narcotráfico para el cartel de Medellín.

Tras explotar el escándalo, se volvió evidente que gran parte de las operaciones clandestinas de la CIA, la compra de armas y su apoyo a regímenes pro-occidente, eran financiados con el tráfico masivo de narcóticos.

LA CUENTA SECRETA DE PINOCHET

Quizás un antecedente que cobra relevancia tras las denuncias contra HSBC, es el que dice relación con supuestos depósitos de oro en una cuenta del mismo banco británico a nombre del fallecido general y dictador chileno, Augusto Pinochet Ugarte.

La noticia llegó a los medios en octubre de 2006, cuando el corredor norteamericano Alan Landry, radicando en Santa Mónica, California, recibió un correo electrónico por parte de Kevin Shani, ofreciéndole la compra de 9,62 toneladas de oro. Al momento de verificar la autenticidad de los documentos recibidos, Landry se sorprendió cuando identificó que el dueño de los lingotes de 99% de pureza, almacenados en el banco HSBC, era nada menos que Augusto Pinochet.

Después de enviar la información al contralor de la consultora donde trabajaba, Landry hizo entrega de los documentos a la Cancillería chilena. Días más tarde, la información llegó hasta las manos del ministro Juan González, a cargo del caso Riggs, en forma de dos carpetas distintas: una del Ministerio de Relaciones Exteriores, y otra del Consejo de Defensa del Estado (CDE), solicitando el congelamiento de los fondos.

La polémica alcanzó titulares internacionales, al punto que el HBSC debió desmentir la autenticidad de la documentación. En declaraciones a la prensa, el banco estimó que los documentos “son falsificaciones y que no se han encontrado esos fondos”.

Posteriormente en 2009, el tema volvió a surgir. Esta vez, Landry informó a las autoridades chilenas que los lingotes estaban en manos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, habiendo sido trasladados desde Hong Kong a Londres. Como reportó el diario La Nación en septiembre de 2009, el corredor estadounidense comunicó mediante un oficio a la Cancillería que “los recibos de custodia están en poder de Schell Security, una firma alemana de valores (que guardia los depósitos de oro)”.

Desde entonces, nada se ha sabido sobre la indagatoria de los lingotes perdidos, que hasta 2009 era encabezada por el juez Manuel Valderrama.

LOS EMPRESARIOS SAUDÍES

En otro medio de prensa, Pinochet también es vinculado a la fraudulenta red del B.C.C.I., el denominado “Banco de la Droga” de la CIA.

Según versa una publicación del 13 de septiembre de 1991 en el medio colombiano El Tiempo: “La revista semanal Tiempo acusa al general chileno Augusto Pinochet de proteger y enriquecer a varios empresarios árabes implicados en el Banco de Crédito y Comercio (…) Pinochet mantenía relaciones personales con Ghaith Pharaon, un empresario saudí que compró dos bancos estadounidenses en nombre del BCCI, y con Khalid Bin Mahfouz, que Tiempo identifica junto con Pharaon como un principal socio del que llaman Banco de la Droga”.

Efectivamente, ambos personajes se enriquecieron durante el gobierno del general Pinochet.

A mediados de los ochenta, el saudí Khalid Bin Mahfouz se hizo con el noventa por ciento de las compañías C y D International, y Eicomar, creando posteriormente la sociedad de Inversiones Pathfinder S.A.. Cuando estalló el escándalo del banco B.C.C.I. en 1991, Bin Mahfouz se deshizo de sus inversiones en Chile, vendiéndolas a Félix Bacigalupo, Jorge Obach y al ex senador de la UDI, Marcos Cariola.

Por si fuera poco, Bin Mahfouz es reconocido internacionalmente como el financista de Osama Bin Laden, ex líder máximo de Al Qaeda. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el gobierno norteamericano solicitó al ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, congelar los activos de Bin Mahfouz en Chile, según consignó en aquel entonces el diario El Mostrador.

El otro accionista del B.C.C.I. que se enriqueció durante la dictadura militar fue Gaith Pharaon. Utilizando la fórmula de reconversión de la deuda externa, con 12 millones de dólares del Banco Central, el empresario saudí construyó en Las Condes el magnificente Hotel Hyatt. A pesar de ser un fugitivo del FBI, figurando incluso en la lista de los 10 más buscados de la revista Forbes, Pharaon continúa en la impunidad. En 2006, el empresario y dueño del consorcio COPESA, Álvaro Saieh, compró el Hyatt al Grupo Pharaon por un monto secreto.

Al igual que Bin Mahfouz, Pharaon también está involucrado en el financiamiento de actividades terroristas. El empresario saudí fue mencionado en un reporte de 2002 del parlamento francés, teniendo “vínculos con redes informales de transferencia de dinero llamadas hawala, conocidas por ser utilizadas por comerciantes y terroristas, incluyendo a Al Qaeda”, según informó ABC en un artículo del 4 de junio de 2008, titulado Indicted Saudi Gets $80 Million US Contract.

A la luz de los antecedentes anteriores, cabe preguntarse si el reciente informe sobre operaciones fraudulentas del banco HSBC es sólo la punta del iceberg de una red mucho más compleja, similar o idéntica a los tentáculos del B.C.C.I.

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