Lloyd Pye.Evidencias de la Creación Humana por Intervención Extraterrestre

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Darwinistas, Creacionistas y defensores del Plan Inteligente son incapaces de explicar las anomalías en la aparición de plantas domésticas, los animales domésticos y los humanos.

Lloyd Pye – Publicado en Febrero de 2003.Traducción a cargo de Cristian

Lloyd Pye, nacido en 1946 en Louisiana, EE.UU., es investigador, autor, novelista y guionista. Sus estudios independientes por más de tres décadas en todos los aspectos de la evolución lo han convencido de que los humanos no evolucionaron en la Tierra o, por lo menos, son el producto de la intervención extraterrestre. Su libro, Todo lo que Usted Sabe Está Equivocado; Libro Uno: Los Orígenes humanos, está disponible ordenándolo a través de http://www.iuniverse.com / o a Barnes & Noble a través de http://www.bn.com Visita la pagina web de Lloyd Pye:www.lloydpye.com

 

 LAS IRRACIONALIDADES DEL DOGMA

En 1905, un ingenioso oficinista de 25 años de edad llamado Albert Einstein demolió la certeza de 200 años de que Isaac Newton supo todo lo que había que saber sobre la física básica. En un trabajo de investigación técnico de sólo unas páginas de largo, Einstein envió una gran parte de su “realidad” actual al tarro de la basura de la historia dónde encontró buena compañía con los miles de otros pequeños y grandes desechos. Sin embargo, en 1905 el desecho de Newton era tan grande como el basurero podía abarcar.

Ahora otra gran vieja “certeza” flota por encima del tarro de la basura de la historia, y parece sólo un asunto de tiempo antes de que algún nuevo Einstein escriba las pocas (o muchas) páginas que la derrumbarán y la relegarán a la historia. Y, como era el caso en 1905, cada “experto” en el mundo ríe sinceramente con cualquier sugerencia de que su certeza podría ser golpeada. Más aún, si los hechos son como cualquier vara de medir–lo cual siempre debería ser el caso, pero frecuentemente no lo es — la teoría de la evolución por la selección natural de Charles Darwin está moviéndose hacia la extinción.

Por favor note esto: no todos los que desafían la evolución son automáticamente Creacionistas. Los Darwinistas aman alquitranar a todos los antagonistas con ese pincel porque mucho del dogma de los Creacionistas es absurdo. Los Creacionistas se excluyen testarudamente de una consideración seria negándose a dejar partes fatalmente agrietadas de su argumento, como la interpretación literal de “seis días de creación”. Por supuesto, algunos han intentado tomar una posición más razonable, pero aquellos pocos no puede ser oídos por encima del enfurecimiento de los muchos que se niegan.

Recientemente un nuevo grupo ha entrado en la riña, mucho mejor educados que los típicos Creacionistas. Este grupo ha inventado una teoría llamada “Plan Inteligente” que tiene una riqueza de hechos científicamente establecidos a su lado. Sin embargo, los defensores del PI abandonan sus raíces Creacionistas insistiendo que porque la vida a su nivel mas básico es tan increíble e irreduciblemente compleja, nunca podría simplemente haberse “transformado en ser” como los Darwinistas insisten.

Realmente, el dogma de que “la vida se congregó de algún modo a si misma mas allá de moléculas orgánicas” es completamente tan absurdo como el dogma de que “todo se creó en seis días”, el cual los defensores del PI entienden y explotan. Pero ellos también sugieren que todo vino a la existencia en las manos de Dios (o por el nombre que sea conocido) o “por medio de intervención extraterrestre”, que deja claro a lo que están apostando. “Intervención Extraterrestre” es un transparente eufemismo para “Usted Sabe Quien” (con las disculpas de J. K. Rowling). [En los libros de "Harry Potter" de Rowling, el astuto bribón es tan despreciable y terrible, que su nombre ni siquiera debe proferirse; así a él se refiere como "Usted Sabe Quién". Semejantemente, la misma idea de que los humanos podrían haber sido creados por extraterrestres es tan despreciable y terrible para la corriente principal de la ciencia y de la religión que ninguna mención de él debe proferirse; así el autor se refiere a él como "Usted Sabe Quien". Ed.] Para los Darwinistas, los Creacionistas y los defensores del PI por igual, la creación en las manos de Usted Sabe Que es la sugerencia más absurda de todas. Sin embargo puede mostrarse que Usted Sabe Quien tiene la más amplia serie de hechos a su lado y tiene la mejor oportunidad de ser probada como correcta finalmente.

Virtualmente cada científico que valora su doctorado insistirá que de algún modo, de alguna manera, una forma de evolución está en el corazón de todas las formas de vida y procesos en la Tierra. Por “evolución”, ellos quieren decir la colección entera de posibles interpretaciones que podrían explicar cómo, por sobre los inmensas extensiones del tiempo, simples organismos pueden y realmente se transforman en organismos más complejos. Esa amplia definición da a los científicos una gran oportunidad para manipular y tejer a su manera la verdad sobre la evolución que ostensiblemente es su meta. Sin embargo, individualmente entre los científicos, aquella misma extensión de medios, significa que nadie tiene una “cerradura” sobre la verdad, lo cual los ha llevado a una agotada serie de destructivas disputas.

En el caso de Darwin, esas disputas fueron inicialmente disminuidas. Correcta o incorrectamente, su teoría sirvió a un propósito mucho más elevado que simplemente desafiar la manera en que la ciencia pensaba sobre los procesos de la vida. Proporcionó algo que cada científico desesperadamente necesitaba: una fuerte contraparte para el torrente intelectual sin sentido que se vierte de los púlpitos en cada iglesia, sinagoga y mezquita en el mundo.

Subsecuentemente antes de que Charles Darwin naciera, los hombres de ciencia sabían completamente bien que Dios no creó la Tierra y alguna otra cosa en el universo en literales seis días. Pero para afirmar aquello, públicamente se incito el mismo tipo de censura que hoy hace erupción sobre cualquiera que se atreva a desafiar la evolución abiertamente. El dogma es el dogma en cualquier generación.

La luna de miel de Darwin con sus pares científicos fue relativamente corta. Sólo duró lo que ellos necesitaron para entender que todo lo que él realmente había proporcionado era el contorno de un bosque de una idea, uno que sólo en amplias condiciones parecía considerarse para la estupendamente amplia serie de la vida. A su bosque le faltaron bastantes árboles verificables. Aun así, una vez que el muy manipulado concepto se cristalizó como “selección natural”, el término “supervivencia del más apto” se acuño para explicarlo a los hombres comunes. Cuando la mayoría del público se convenció de que la evolución era una alternativa legítima para el Creacionismo, los guantes científicos se bajaron. El combate llego a ser extendido con respecto a los árboles que constituyeron el bosque de Darwin.

Con el tiempo, los científicos analizaron el original bosque de Darwin en árboles más diferentes de lo que él podría haber imaginado alguna vez. Ese análisis ha sido amplio y profundo, y ha llevado innumerables árboles a las manos de los científicos mismos. Pero a pesar del tal enrarecimiento, el bosque permanece derecho e intacto. De algún modo, de alguna manera, hay una fuerza completamente natural en trabajo que gobierna todos los aspectos del flujo y cambio de la vida en la Tierra. Ésa es el mantra científico, que se entona religiosamente para oponerse a cada Creacionista –y ahora al Plan Inteligente–desafiando a uno o más de los podridos árboles que frecuentemente se transforman en obvios.

Incluso Darwin comprendió que los datos de su era no proporcionaron la evidencia bien definida de que su teoría era correcta. Principalmente preocupante era la ausencia de “especies de transición” en el registro fósil. Aquéllas eran necesarios para demostrar que, por encima de inmensas cantidades de tiempo, las especies realmente se transformaron gradualmente en otras especies: especies más “elevadas”.

Así directamente de la cascada, la teoría de evolución estaba a la defensiva con respecto a una de sus piedras angulares, y más de 140 años después aún no hay todavía ninguna especie de transición claramente bien definida en el registro fósil.

Porque ésta es la parte más vulnerable de la teoría de Darwin, los Creacionistas la atacan implacablemente, lo cual ha obligado de forma periódica a los científicos a que pongan una serie de candidatos por delante para intentar quitarse el implacable calor. Desgraciadamente para ellos, en cada caso, se ha demostrado que esos “eslabones perdidos” son sinceras imitaciones y fraudes. Un excelente ejemplo se encuentra en los Iconos de la Evolución de Jonathan Wells (Regnery, 2000). Pero los científicos no se detienen ante tal exposición de sus embustes. Ellos se sienten justificados porque, insisten, no ha pasado suficiente tiempo como para que puedan encontrar lo que necesitan en un registro fósil groseramente incompleto.

La verdad es que algunas extensas líneas temporales fósiles están perdidas, pero muchas más se consideran bien registradas. Aquéllas se han examinado completamente en los pasados más de 140 años, sin efecto. En cualquier otra ocupación, un viaje de 140 años de duración por un callejón sin salida indicaría que se ha tomado una decisión errónea. Pero no para los científicos. Ellos continúan alegremente hacia adelante, convencidos de la absoluta rectitud de su misión y seguros de que su legendario eslabón perdido se encontrará bajo la próxima piedra que volcarán. Más pronto o más tarde, creen ellos, uno de sus miembros lo descubrirá, así es como todos ellos trabajaran en un armonioso concierto hacia esa meta en común. Sin embargo, individualmente para si mismos son cada hombre y cada mujer.

DOS COSAS QUE SE DIFERENCIAN SOLO DE NOMBRE

Las plantas y animales evolucionan, ¿ah?. Bien, ¿Cómo evolucionan ellos?

Por cambios graduales pero constantes, influenciados por las presiones adaptables en su medioambiente que causa modificaciones físicas que persisten si ellos son aventajados.

¿Puede especificar el tipo de cambio gradual al que usted se refiere?

En cualquier población de plantas o animales, con el tiempo, las mutaciones genéticas aleatorias ocurrirán. La mayoría será perjudicial, algunas tendrán un efecto neutro y algunas conferirán una ventaja selectiva, sin embargo podría parecer como pequeña o aparentemente inconsecuente.

¿Realmente? ¿Pero la población global no tendría una reserva bastante profunda de genes para absorber y diluir incluso un gran cambio? ¿Un pequeño cambio no desaparecería rápidamente?

Bueno, sí, probablemente desaparecería. Pero no en un segmento aislado de la población global. Un grupo aislado tendría una reserva mucho menos profunda, así que las mutaciones positivas mantendrían una oportunidad mucho mejor para establecer un lugar permanente en aquel grupo.

¿Realmente? ¿Qué pasa si esa mutación positiva se establece en el grupo aislado, entonces de algún modo el grupo aislado vuelve a juntarse con la población global? ¡Poof! La mutación se absorberá y desaparecerá.

Bueno, quizás. Así que asegurémonos de que la población aislada no puede volver con el grupo principal hasta que el mestizaje ya no sea posible.

¿Cómo harías eso?

Pon una cordillera entre ellos, algo imposible de cruzar.

Si es imposible cruzar, en primer lugar, ¿Cómo entró allí el grupo aislado?

Si usted está preguntándome sólo cuan aislado es “aislado”, permítame preguntarle algo. ¿Sobre qué tipo de mutaciones estaba hablando que fueron absorbidas?

Los pequeños cambios, completamente fortuitos en los pares de la base al nivel del gen.

¿Realmente? ¿Por qué no al nivel del cromosoma? ¿No sería un cambio a nivel del par base completamente pequeño como para crear cualquier cambio significante? ¿Una mutación no tendría que estar casi al nivel del cromosoma para ser notable?

¿Quién dice? El cambio a ese nivel probablemente sería demasiado, algo que el organismo no podría tolerar.

Quizá nosotros estamos poniendo demasiado énfasis en las mutaciones.

¡Cierto! ¿Qué hay acerca de las presiones medioambientales? ¿Qué sucede si repentinamente una especie se encontrara a si misma teniendo que sobrevivir en un ambiente significativamente cambiado?

¿Uno dónde sus miembros deben adaptarse a las nuevas circunstancias o morir?

¡Exactamente! ¿Cómo se adaptarían? ¿Podrían intentar ellos mismos simplemente hacer crecer una piel más gruesa o unos músculos más fuertes o un tamaño más grande?

Eso parece como que las mutaciones tienen que jugar un rol.

Las mutaciones, ¿eh? Esta bien, ¿como juegan un rol?

Este juego intelectual de dar estocadas y parar continuar constantemente en los niveles de minuciosidad que hacen titubear a una mente promedio. Los Darwinistas tradicionales son aventajados por el neo-Darwinistas en cada giro. Los evolucionistas del quántum (pequeña cantidad de energía electromagnética) reforman el trabajo de aquéllos que apoyan la teoría de los aislamientos periféricos. Los matemáticos modelan tasas de mutación y de fuerzas selectivas en las cuales los biólogos no confían. Los genetistas tienen un pequeño uso para los paleontólogos, los cuales devuelven el favor con grandes cantidades de picotazos. Los Cito-genetistas trabajan para encontrar un nicho junto a la apropiada genética. Los genetistas poblacionales utilizan modelos matemáticos que desafían a los paleontólogos y a los sistemistas. Los biólogos sociales y los psicólogos evolutivos se esfuerzan para crear un espacio para sus ideas. Todos realizan un baile cerebral de elegante forma y exquisita simetría.

Irónicamente, su baile es un inmenso escrito sobre la evolución a través de la ciencia como un proceso. Nuevos pedazos de información se ponen delante de un grupo semejante. Los nuevos datos se discuten, se escribe sobre ellos, se critican, se escribe de nuevo sobre ellos, se critican un poco más. Esto es gradualismo en el trabajo, formando, reformando y reformando de nuevo si es necesario hasta que los nuevos datos puedan encajar cómodamente en el paradigma actual en cualquier campo, cualquier cosa que sea. Esto es necesario para hacerlo ajustarse tan estrechamente como sea posible a la actual manera de pensar de cada científico interesado. Hacerlo de cualquier otra manera es promover el puntual rechazo bajo una descarga de desgastadas críticas.

Este sistema de agudísima “revisión semejante” es cómo siempre se han mantenido en línea a pensadores independientes entre los científicos. Darwin era un forastero hasta que se unió al club por un esplendor puro y predominante. El oficinista Einstein hizo lo mismo. Por otro lado, Alfred Wegener era el meteorólogo alemán que dedujo la tectónica de las placas en 1915. Y porque se atrevió a machucar los egos de las “autoridades” más allá de su propio campo, vio a su brillante descubrimiento enterrado bajo rencorosa crítica que lo sujetó durante 50 años. Cada científico en el juego sabe cómo se juega y muy pocos se atreven a desafiar sus reglas.

Las restricciones sobre los científicos son severas, pero por una muy buena razón. Ellos trabajan en los bordes conductores del conocimiento, de dónde la visión puede ser cualquier desde confundir a francamente aterrar. Entre aquéllos que estudian los procesos de la vida en la Tierra, deben arreglárselas con el conocimiento de que un sorprendente número de especies no tiene ningún ser relacionado aquí. En algunos casos, ni siquiera pueden estar aquí. Sin embargo ellos están, para mejor o para peor, y esos ejemplos del peor caso deben ser escondidos o por lo menos deben disimularse frente al público en general. Pero no importa cuan a menudo se tuercen los hechos, los datos sean disimulados o la realidad sea negada, la verdad está allá afuera.

LA APARICIÓN DE LAS PLANTAS DOMÉSTICAS

Hay dos formas básicas de plantas y animales: salvajes y domésticos. Los salvajes exceden en número a los domésticos, lo cual puede explicar porqué se hace mucho más investigación en las formas salvajes. Pero pudo ser tan fácil como que los científicos se alejan de las formas domésticas porque las cosas que encuentran cuando los examinan están hasta ahora fuera del paradigma evolutivo aceptado.

Se cree que casi todas plantas domésticas han aparecido entre 10,000 y 5,000 años, con grupos diferentes viniendo a diferentes partes del mundo en diferentes momentos. Inicialmente, la llamada Media Luna Fecunda del Irak moderno, Siria y el Líbano, produjo trigo, cebada y legumbres, entre otras variedades. Después, en el Lejano Este, apareció el trigo, el mijo, el arroz y el camote. Más tarde aún, en el Nuevo Mundo, vino el maíz, los pimientos, los frijoles, la calabaza, los tomates y las patatas.

Muchos tienen predecesores “salvajes” que eran al parecer un punto de partida para la variedad doméstica, pero otros–como muchos vegetales comunes–no tiene ningún obvio precursor. Pero para aquéllos que lo tienen, como los pastos salvajes, los granos y los cereales, el cómo ellos se convirtieron en el trigo, la cebada, el mijo, el arroz, etc. es un profundo misterio.

Ningún botánico puede explicar concluyentemente cómo las plantas salvajes dieron lugar a plantas domésticos. El énfasis aquí esta sobre “concluyentemente”. Los botánicos no tienen ningún problema para dar hipótesis en que se elaboren escenarios en que en el Neolítico (la Nueva Edad de la Piedra) los granjeros dedujeron de algún modo cómo hacer híbridos de hierbas salvajes, granos y cereales, no diferente de Gregor Mendel cuando él cruzo y engendro plantas de arvejas para deducir las mecánicas de la herencia genética. Todo suena tan simple y tan lógico, que casi nadie fuera de los círculos científicos alguna vez lo examina estrechamente.

Gregor Mendel nunca engendró su planta de arvejas para que saliera algo más que la planta de arvejas. Él creó plantas chicas, altas y de diferentes colores, pero siempre fueron plantas de arvejas que produjeron arvejas (Las plantas de arvejas también son una especie doméstica, pero esto es irrelevante al punto establecido aquí.) Por otro lado, esos granjeros de la Nueva Era de Piedra que estaban recién fuera de sus cuevas y que solo entonces habían comenzado a abonar la tierra por primera vez (como el escenario “oficial” así funciona), de algún modo se organizaron para transformar las hierbas salvajes, los granos y los cereales que crecían alrededor de ellos en sus “primos” domésticos. ¿Eso es posible? ¡Sólo a través de un curso en milagros!

Realmente, se requieren innumerables milagros dentro de dos grandes categorías de milagros. El primero era que las hierbas salvajes y los granos y los cereales eran inútiles para los humanos. Las semillas y granos eran enloquecedoramente pequeños, como hojuelas de pimienta o los cristales de sal, los cuales estaban más allá de la capacidad de asir y manejo de los dedos humanos. Ellos también eran duros, como las avellanas diminutas, haciéndolo imposible de convertirlos en algo comestible. Por último, su química era satisfactoria para nutrir animales no-humanos, no a los humanos.

As tenemos que: las variedades salvajes eran completamente pequeñas, demasiado duras y nutritivamente impropias para los humanos. Ellos necesitaban ser extendidas ampliamente en tamaño, ablandadas en textura y reparadas a nivel molecular—lo cual sería un desafío imponente para los botánicos modernos, imaginemos para los granjeros del Neolítico.

A pesar de la aparente imposibilidad de satisfacer esos desalentadores objetivos, los botánicos modernos están seguros de que los primeros domadores de tierra herbórea tenían todo lo que ellos necesitaban para hacerlo: tiempo y paciencia. Después de centenares de generaciones de mestizaje selectivo, conscientemente dirigieron la transformación genética de las pocas docenas que resultarían ser las mas útiles para los humanos. ¿Y cómo lo hicieron? ¡Por el asombroso hecho de doblar, triplicar y cuadruplicar el número de cromosomas en las variedades salvajes! En unos pocos casos, hicieron mejor que eso. El trigo y la avena doméstica fueron elevadas de un antepasado con siete cromosomas a su actual 42 — una expansión por un factor de seis. La caña de azúcar se extendió de una antepasada de 10 cromosomas al monstruo de 80 cromosomas que es hoy — un factor de ocho. Los cromosomas de otros, como los plátanos y las manzanas, sólo fueron multiplicados por los factores de dos o tres, mientras los cacahuetes, las patatas, el tabaco y el algodón, entre otros, fueron expandidos por factores de cuatro. Esto no es tan asombroso como parece, porque muchas florecientes plantas salvajes y árboles tienen juegos múltiples de cromosomas.

Pero eso plantea lo que el propio Charles Darwin llamó el “abominable misterio” de las plantas florecientes. Las primeras aparecieron hace 150 y 130 millones de años en el registro fósil, preparadas para multiplicar por encima de 200,000 las especies conocidas. Pero nadie puede explicar su presencia porque no hay ningún eslabón de conexión con cualquier forma de planta que los preceda. Es como ¿si me atrevo lo digo? Fueron traídas a la Tierra por algo semejante a “Usted Sabe Que”. En ese caso, entonces podría estar bien que ellas fueron entregadas con una capacidad incorporada para desarrollar juegos múltiples de cromosomas, y de algún modo nuestros antepasados Neolíticos resquebrajaron los códigos para aquellas más ventajosas para los humanos.

A pesar de que los códigos fueron resquebrajados, la gran expansión de material genético en cada célula de las variedades domésticas les causó que crecieran en una escala mucho más grande que la de sus antepasados salvajes. Cuando ellas crecieron, sus semillas y granos llegaron a ser lo bastantes grandes para ser vistos fácilmente, recogidos y manipulados por los dedos humanos. Simultáneamente, las semillas y los granos se ablandaron en un grado dónde podrían ser molidos, cocinados y consumidos. Y al mismo tiempo, su química celular fue lo suficiente alterada para empezar a proporcionar nutrición a los humanos que los comieran. La única palabra que remotamente se iguala con ese logro es: milagro.

Por supuesto, el “milagro” implica que había en realidad una oportunidad de que tales complejas manipulaciones de la naturaleza podrían llevarse a cabo por primitivos agricultores en ocho áreas geográficas por más de 5,000 años. Esto fatiga la credulidad porque, en cada caso, en cada área, alguien tenía que mirar a un salvaje progenitor he imaginar lo que podría llegar a ser, o lo que debería llegar a ser, o llegaría a ser. Entonces ellos tenían que asegurar de algún modo que su visión sería transportada a través de innumerables generaciones, que tenían que permanecer comprometidas a plantar, cosechar, escoger y mestizar selectivamente plantas salvajes que no servirían de comida en sus mesas durante sus vidas, pero que podrían alimentar a sus descendientes en algún futuro remotamente distante.

Es difícil intentar confeccionar un escenario más improbable, más absurdo, sin embargo para los botánicos modernos es un evangelio en el que creen con un fervor que deja a muchos Creacionistas de los “seis días” avergonzados. ¿Por qué? Porque confrontar su altísima irracionalidad les obligaría a que se volvieran hacia “Usted Sabe Quien” para una explicación más lógica y creíble.

Domesticar a una planta salvaje sin usar manipulación artificial (es decir, genética), debe ser modificada por mestizaje dirigido que sólo es posible a través de los esfuerzos de los humanos. Así que la ecuación es simple. Primero, antepasados salvajes para muchas (pero no todas) las plantas domésticas parecen claras. Segundo, la mayoría de las versiones domésticas aparecieron de 10,000 a 5,000 años. En tercer lugar, los humanos vivos en ese momento eran bárbaros primitivos. En cuarto lugar, en los últimos 5,000 años, ninguna planta, que sea casi tan valiosa como las docenas que fueron creadas por los primeros granjeros alrededor del mundo, ha sido domesticada. Pon una señal igual después de esos cuatro factores y definitivamente no se suma a cualquier tipo de modelo Darwiniano.

Los botánicos saben que tienen un serio problema aquí, pero todo lo que pueden sugerir es que tenía que haber ocurrido por medios naturales simplemente porque ninguna otra intervención–por Dios o Usted Sabe Que–puede ser considerada bajo cualquier circunstancia. Esa firme posición es mantenida por todos los científicos, no sólo botánicos, para excluir la aplastante evidencia tal como el hecho de que en 1837 el Jardín Botánico de San Petersburgo, en Rusia, empezó concertados intentos de cultivar centeno salvaje en una nueva forma de domesticación. Ellos todavía están intentando, porque su centeno no ha perdido ninguno de sus rasgos salvajes, sobre todo la fragilidad de su tallo y su grano pequeño. En eso está el más embarazoso de los rompecabezas que los botánicos enfrentan.

Para domesticar una hierba salvaje como el centeno o cualquier grano o cereal salvaje (qué hizo el tiempo y de nuevo por nuestros antepasados Neolíticos), deben aclararse dos imponentes barreras. Éstos son los problemas de “raquis” y “glumas” que yo discuto en mi libro, Todo lo que Usted Sabe Está Equivocado; Libro Uno: Los Orígenes humanos (Adamu Press, 1998). Glumas son el nombre de la botánica para las cáscaras, las tapas delgadas de las semillas y los granos que deben quitarse antes de que los humanos puedan digerirlos. Los raquis son los tallos diminutos que atan semillas y granos a sus tallos.

Mientras crecen, las glumas y los raquis son fuertes y durables, así la lluvia no golpeará y sacará las semillas y los granos fuera de sus tallos. En la madurez, ellos se ponen tan quebradizos que una brisa los romperá y soltará su carga para que se propague. Tal alto grado de fragilidad hace imposible cosechar plantas salvajes porque cada grano o semilla sería golpeado y soltado durante el proceso de cosecha

Así, además de agrandar, ablandar y alterar nutricionalmente las semillas y granos de docenas de plantas salvajes, los primeros granjeros también tenían que deducir cómo ajustar la fragilidad de las glumas y los raquis de cada planta.

Ese ajuste era de una complejidad sumamente desalentadora, quizás más complejo que el proceso transformacional en si mismo. Los raquis tenían que ser lo suficiente duros para sostener semillas y granos en sus tallos durante la cosecha, sin embargo permanecer bastantes quebradizos para ser fácilmente recogidos por el esfuerzo humano durante lo que ha sido conocido como “trillar”. Igualmente, las glumas tuvieron que ser hechas o suficiente duras para resistir la cosecha después de que la completa madurez fuera alcanzada, y sin embargo ser bastante quebradizas para romperse durante el proceso de trilla. ¡Y–aquí esta la dificultad inesperada–las glumas de cada planta salvaje y los raquis requirieron grados completamente diferentes de ajuste, y la cantidad final de cada ajuste tenía que ser absolutamente precisa! En resumen, no hay una oportunidad de que esto pasó como los botánicos claman que sucedió.

LA APARICIÓN DE LOS ANIMALES DOMÉSTICOS

Como con las plantas, la domesticación animal siguió un patrón de desarrollo que se extendió de 10,000 a 5,000 años. También empezó en la Media Luna Fecunda, con los “mejores cuatro” que eran el ganado, las ovejas, las cabras y los cerdos, entre otros animales. Después, en el Lejano Este, aparecieron los patos, los pollos y el búfalo de agua, entre otros. Más tarde aún, en el Nuevo Mundo, vinieron las llamas y la vicuña. Este proceso no fue simplificado extendiendo el número de cromosomas. Todos los animales–salvajes y domesticados– son diploides, lo cual significa que tienen dos juegos de cromosomas, uno de cada padre. El número de cromosomas varía tan ampliamente como en las plantas (los humanos tienen 46), pero hay siempre sólo dos juegos (los humanos tienen 23 en cada uno).

Las únicas “herramientas” disponibles para los pastores del Neolítico eran aquellas disponibles para los parientes que cultivaban: tiempo y paciencia. Por las mismas técnicas de mestizaje selectivo aparentemente utilizadas por los granjeros, los animales salvajes fueron selectivamente engendrados generación tras generación hasta que las suficientes modificaciones graduales acumuladas crearon las versiones domésticas de los antepasados salvajes. Como con las plantas, este proceso requirió en cualquier parte de centenares a miles de años en cada caso, y también requirió ser cumplido docenas de veces en áreas extensamente separadas alrededor del globo.

Una vez más, enfrentamos el problema de intentar imaginar a esos primeros pastores con suficiente visión para imaginar a un “modelo final”, para empezar el proceso de crianza durante sus propias vidas y tener que llevarlo a cabo durante siglos hasta que el modelo final fuera alcanzado. Esto era mucho más complicado que simplemente delinear que los animales tenían un fuerte instinto de grupo o para reunirse en rebaño que les permitiría en el futuro a los humanos tomarlos y ser como “líderes” de la manada o el grupo. Por ejemplo, tomó un desenfrenado valor decidir traer a un cachorro de lobo a un campamento con la intención de enseñarle a matar y comer selectivamente y ganar su subsistencia ladrándole a los intrusos (los lobos adultos raramente ladran). ¿Y quién podría mirar el macizo, atemorizante, mal genio bisonte europeo y podría visualizar una vaca mucho más pequeña y más amable?. Aun cuando alguien pudiera visualizarlo, ¿cómo pudieron haber esperado lograrlo? Un ternero de bisonte (o un cachorro de lobo, para el otro caso), cuidadosa y amorosamente criado por “padres” humanos, aún crecería para ser un adulto corpulento con instintos de adulto fuertemente arraigados.

Aunque fue hecho, no fue por mestizaje selectivo. Colecciones enteras de genes deben modificarse para cambiar las características físicas de los animales (En un contrapunto interesante a las plantas salvajes y domésticas, los animales domésticos son normalmente más pequeños que sus progenitores salvajes.) Pero con los animales, algo más, algo más inefable debe cambiarse para alterar sus naturalezas básicas de salvaje a dóciles. Lograrlo permanece más allá de las habilidades modernas, así que atribuir tal capacidad a los humanos del Neolítico es un insulto para nuestra inteligencia.

Todos los ejemplos de “domesticación” de plantas y animales son increíbles en su propio derecho, pero quizás el más increíble es el chita. No hay ninguna duda de que era uno de los primeros animales domados, con una historia que se remonta al temprano Egipto, India y China. Como con todos tales ejemplos, podría haber sido creado sólo a través de la cría selectiva por los cazadores del Neolítico, recolectores o primitivos granjeros. Uno de esos tres debe alcanzar tal crédito.

El chita es el más fácilmente domado y entrenado de todos los grandes felinos. No informe en los registros de que un chita matara a un humano. Parece creado especialmente para las velocidades altas, con una cabeza y un cuerpo aerodinámicamente diseñados. Su esqueleto es más ligero que el de otros grandes felinos; sus piernas son largas y delgadas, como las piernas de un galgo. Su corazón, pulmones, riñones y canales nasales están alargados, permitiendo que su proporción de respiración salte de 60 respiraciones por minuto en reposo a 150 respiraciones por minuto durante una persecución. Su velocidad máxima es de 70 millas por hora, mientras que un pura sangre alcanza alrededor de 38 millas por hora. No existe nada en la sabana puede correr mas de prisa que él. Puede durar más, pero no dejarlo atrás.

Los chitas son únicos, porque combinan rasgos físicos de dos familias animales diferentes: perros y gatos. Ellos pertenecen a la familia de los gatos, pero se parecen a los perros de piernas largas. Ellos se sientan y cazan como los perros. Ellos sólo pueden retractar parcialmente sus garras, como los perros en lugar de los gatos. Sus almohadillas de las patas son espesas y duras como las de un perro, pero para subir a los árboles usan sus garras delanteras de la misma manera que un gato lo hace. La piel coloreada clara en su cuerpo es como la piel de un perro pelicorto, pero las manchas negras en sus cuerpos son inexplicablemente de la textura de la piel de los gatos. Ellos contraen enfermedades que sólo perros sufren, pero también contraen las enfermedades “solo de gatos”.

Hay algo más aún más inexplicable sobre los chitas.¡Pruebas genéticas han sido realizadas en ellos, y el sorprendente resultado fue que en 50 especimenes testeados, todos y cada uno de ellos, eran genéticamente idénticos entre sí! Esto significa que la piel y los órganos internos de cualquiera de los miles de chitas en el mundo podría ser cambiado con los órganos de cualquier otro chita y no podría ser rechazado. El único otro lugar en donde tal homogeneidad física es vista está en las ratas y en otros animales que han sido genéticamente alterados en los laboratorios.

(¡Música de La Dimensión Desconocida!)

Los chitas permanecen aparte, por supuesto, pero todos los animales domésticos tienen rasgos que no son explicables en términos que se enfrentan al riguroso escrutinio científico. En lugar de tratar con la turbación de confrontar tales cosas, los científicos los ignoran diligentemente y, como con los misterios de las plantas domésticas, los explican como mejor pueden. Para el chita, simplemente insisten en que no puede existir algún tipo de raro híbrido genético entre los gatos y los perros, aunque la evidencia apunta rectamente en esa dirección. ¿Y por qué? Porque que también eso llevaría a los chitas a la zona prohibida ocupada por Usted Sabe Que.

El problema de la uniformidad genética de los chitas se explica por algo conocido ahora como el “efecto del cuello de botella”. Lo que presume es que la población salvaje de chitas–qué debe de haber sido tan genéticamente diversa como su larga historia lo indica–en algún punto reciente de la historia entró en un declive poblacional muy empinado que dejó sólo un par vivo de crías. De aquella mortandad hasta ahora, todos han compartido la misma restringida reserva de genes.

Desafortunadamente, no hay ningún registro de cualquier evento de extinción que removiera selectivamente a los chitas y dejara a cada otro gran felino para desarrollar su esperada variación genética. Así, tan improbable como parece, la teoría del “cuello de botella” se acepta como otro evangelio científico.

Es apropiado hacer recordar aquí a los científicos de la famoso respuesta de Carl Sagan al tratar con su ultrajada pseudociencia: “Las afirmaciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria”. Parece claro que Sagan aprendió ese proceso en casa.

Finalmente, también nos lleva a una discusión acerca de los humanos, quienes son tan genéticamente recientes, que nosotros también hemos sido forzados dentro de aquéllos “efectos del cuello de botella” que intentan explicar el origen de los chitas.

LA LLEGADA DE LOS HUMANOS

Como todas las plantas y los animales, ya sean salvajes o domésticos, se supone que los humanos son los productos de las mejoras delicadas y graduales de innumerables generaciones engendradas por antepasados inmensamente más primitivos. Esto fue firmemente creído por la mayoría de los científicos en los años ochenta, cuando un grupo de genetistas decidió intentar establecer una fecha más exacta para cuando los humanos y los chimpancés se separaron de su presunto antepasado común.

Los paleontólogos usaron huesos fosilizados para establecer una línea temporal que indicara que la separación vino hace cinco y ocho millones de años atrás. Ese amplio anaquel podría estrecharse, creen los genetistas, trazando las mutaciones en el ADN mitocondrial humano– pequeños pedazos de ADN que flotan fuera de los núcleos de nuestras células. Así fueron a trabajar recolectando muestras de alrededor de todo mundo.

Cuando los resultados estaban, ninguno de los genetistas podía creerlo. Tenían que comprobar sus muestras de nuevo y de nuevo para estar seguros. Incluso entonces, había vacilación sobre anunciarlo. ¡Todos supimos que habría una tormenta de fuego de controversias, empezando por los paleontólogos– a quiénes se les entregaría el equivalente intelectual de un ojo negro y una nariz sangrienta y sus cabezas mojadas en un retrete por buena moderación! Esto los avergonzaría públicamente de tal manera que no había pasado desde que la broma de Piltdown fue expuesta.

A pesar de la usual práctica científica de mantener una tapa sobre los datos que radicalmente difieren de un paradigma actual, la importancia de esta nueva evidencia finalmente pesó más que la preocupación por la imagen y los sentimientos de los paleontólogos. Los genetistas reunieron su valor y caminaron a la línea de fuego, anunciando que los humanos no estaban cerca de cualquier parte del rango oficial de edad de ocho a cinco millones de años. Los humanos sólo tenían 200,000 años aproximadamente. Como se esperaba, los aullidos de protesta fueron ensordecedores.

El tiempo y mucha más investigación del ADN mitocondrial y de los cromosomas “Y” masculinos ahora hacen que no haya duda de que los genetistas estaban en lo correcto. Y los paleontólogos tenían que aceptarlo porque los genetistas fueron capaces de exprimir a los humanos a través del mismo tipo de “efecto del cuello de botella” que usaron para intentar mejorar el misterio de los chitas.

Haciendo eso, dejaron a los paleontólogos capaces de insistir en que los humanos evolucionaron de primitivos antepasados que caminan erguidos en las sabanas de África hace tanto tiempo como 5 millones de años, pero que entre los 100,000 y los 200,000 años “algo” sucedió que destruyo a casi todos humanos vivos en aquel momento, obligándolos a reproducirse a partir de una pequeña población de sobrevivientes.

Que este “algo” permanezca totalmente desconocido es, aunque los creacionistas muevan ferozmente sus manos como los sabelotodos en la parte de atrás de una sala, una desesperación esperada para sugerir que era el Gran Diluvio. Pero porque ellos se niegan a moverse de la línea temporal bíblica del evento (en el rango de hace 6,000 años), nadie puede tomarlos en serio. Más aún, parece que los dos lados podrían trabajar juntos productivamente en este problema crucial. Si sólo lo hicieran.

Aparte de las disputas sobre la fecha y las circunstancias de nuestro origen como una especie, hay muchos otros problemas con los humanos. Como las plantas y los animales domésticos, los humanos permanecen bien fuera del paradigma clásico de Darwin. El propio Darwin hizo la observación de que los humanos eran sorprendentemente parecidos los animales domésticos. De hecho, nosotros somos parientes tan inusuales para otros primates que puede sostenerse sólidamente que nosotros no pertenecemos en absoluto a la Tierra y que nosotros ni siquiera somos de la Tierra, porque no parecemos habernos desarrollado aquí.

A nosotros nos enseñaron que, por cada determinación científica, los humanos son primates muy estrechamente relacionados con todos los otros primates, sobre todo los chimpancés y los gorilas. Esto esta tan inculcado en nuestras psiques que parece fútil incluso examinarlo, mucho menos desafiarlo. Pero lo haremos.

HUESOS. Los huesos humanos son mucho más livianos que comparables huesos de primates. Acerca de ese asunto, nuestros huesos son mucho más livianos que los huesos de cada antepasado “pre-humano” desde un principio hasta el Neardental. Los huesos antepasados parecen como los huesos de los primates; los huesos humanos modernos no.

MÚSCULOS. Los músculos humanos son significativamente más débiles que músculos comparables en los primates. Libra por libra, somos cinco a diez veces más débiles que cualquier otro primate. Cualquier mono utilizado como mascota es evidencia de eso. De algún modo, volvernos “mejores” nos hizo muchísimo más débiles.

PIEL. La piel humana no está bien adaptada a la cantidad de luz solar que golpea la Tierra. Puede modificarse para sobrevivir a la extendida exposición incrementando grandemente la melanina (su pigmento oscuro) en su superficie, lo cual sólo la raza negra ha logrado. Todos los otros deben cubrirse con ropa o andar por la sombra, o ambos, o enfermar de envenenamiento por radiación.

PELO DEL CUERPO. Los primates no necesitan preocuparse sobre la exposición directa a la luz del sol porque están cubiertos de la cabeza a los pies con un distintivo patrón de bello corporal largo. Porque son cuadrúpedos ( se mueven con sus cuatro extremidades), el pelo más espeso está en sus espaldas, mientras que el más delgado esta en el pecho y en el abdomen. Los humanos han perdido todo el pelaje que rodea el cuerpo y hemos cambiado nuestra área de espesor completamente al pecho y el abdomen mientras llevamos la parte delgada en nuestra espalda.

GRASA. Los humanos tienen diez veces más células grasas en la capa inferior de su piel como los primates. Si un primate está herido por una cuchillada o un rasguño en la piel, cuando el sangramiento se detiene, los bordes de la herida caen planos cerca del otro y pueden cerrar la herida rápidamente por un proceso llamado “contractura”. En los humanos, la capa grasosa es tan espesa que empuja a través de las heridas y hace a la contractura difícil si no imposible. También, para intentar explicar esta rareza, la grasa bajo la piel humana no compensa el pelo del cuerpo que hemos perdido. Sólo en el agua su capacidad aislante es útil; en el aire, es mínimamente la mejor.

PELO DE LA CABEZA. Todos los primates tienen pelo en la cabeza que crece a una cierta longitud y entonces se detiene. El pelo de cabeza humano crece a tales longitudes que podría ser peligroso en una situación primitiva. Así, nos han obligado a que cortemos nuestro pelo de la cabeza desde que nosotros nos volvimos una especie, lo cual puede responder por algunas de las hojuelas afiladas de piedras que son consideradas las “herramientas” homínidas primitivas.

UÑAS DE LA MANO Y DEL PIE. Todos los primates tienen uñas en las manos y en los pies que crecen a una cierta longitud y entonces se detienen, nunca necesitan cortarlas. Las uñas de la mano y del pie de los humanos siempre han necesitado ser cortadas. Nuevamente, quizás esas “herramientas” de piedra no eran sólo para matar animales.

CRÁNEO. El cráneo humano no es nada parecido al cráneo de los primates. Hay escasamente algunas justas comparaciones morfológicas que hacer, aparte de las partes generales que son lo mismo. Su diseño y ensamble son tan diferentes que hace INÚTILES los esfuerzos de comparación.

CEREBROS. La comparación aquí es aun más radical porque los cerebros humanos son inmensamente diferentes. (Decir “mejorado” o “superior” es injusto y no pertinente, porque los cerebros de los primates funcionan perfectamente bien para lo qué los primates tienen que hacer para vivir y reproducirse.)

LOCOMOCIÓN. La comparación aquí es fácilmente tan amplia como la comparación de los cerebros y los cráneos. Los humanos son bípedos; los primates son cuadrúpedos. Eso dice más que suficiente.

HABLA. Las gargantas humanas están completamente rediseñadas en comparación a las gargantas de los primates. La laringe ha caído a un posición mucho más baja, así los humanos pueden romper los típicos sonidos de los primates en diminutos pedazos de sonido (por modulación) que se han transformado en el habla humana.

SEXO. Las primates hembras tienen ciclos de celo y están sexualmente receptivas solo en momentos especiales. Las hembras humanas no tienen ningún ciclo de celo en el sentido de los primates. Son incesantemente receptivas al sexo. (¡A menos que, claro, tengan el proverbial dolor de cabeza!)

CROMOSOMAS. Ésta es la diferencia más inexplicable de todas. Los primates tienen 48 cromosomas. ¡Los humanos son considerados inmensamente superiores a ellos en una amplia serie de áreas, sin embargo de algún modo nosotros tenemos sólo 46 cromosomas! Esto pide a ruegos la pregunta de cómo nosotros podríamos haber perdido dos cromosomas completos–lo cual representa mucho ADN–en primer lugar, y en el proceso volvernos muchísimo mejores. Nada sobre eso tiene sentido lógico.

TRASTORNOS GENÉTICOS. Como con todos los animales salvajes (las plantas también), los primates tienen relativamente pocos trastornos genéticos extendidos a lo largo de sus reservas de gen. El albinismo es un trastorno que es común a muchos grupos animales así como también para los humanos. Pero el albinismo no detiene a un animal de crecer y pasar su gen a la reserva de genes. Sin embargo, la mayoría de los defectos serios se suprimen rápidamente en el mundo salvaje. A menudo, los padres u otros en un grupo harán el trabajo rápida y seguramente, así las reservas salvajes de genes permanecen relativamente limpias. En contraste, los humanos tienen más de 4,000 trastornos genéticos, y varios de aquéllos matarán absolutamente a cada víctima antes de que la reproducción sea posible. Esto pide a ruegos la pregunta de cómo tales defectos podrían posiblemente entrar en la reserva del gen humana en primer lugar, y mucho menos cómo permanecen tan extendidos.

PARENTESCO GENÉTICO. Una estadística Darwinista favorita es que el genoma total (todo el ADN) de los humanos difiere de los chimpancés por sólo 1% y de los gorilas por solo 2%. Esto hace parecer como si la evolución es de hecho correcta y que los humanos y los primates son virtualmente primos de sangre. Sin embargo, lo que ellos no enfatizan es que el 1% de los tres mil millones de pares base del genoma humano es 30 millones de pares base–y para cualquiera “Usted Sabe Quien” que pueda diestramente manipular genes, 30 millones de pares base pueden sumar fácilmente una tremenda cantidad de diferencias.

Todo lo demás. Lo anterior son las categorías más grandes en discusión en las discrepancias entre los primates y los humanos. Hay docenas más listadas como subcategorías bajo una o más de éstas.

Para cavar más profundamente en estos fascinantes misterios, revise Las Cicatrices de la Evolución de Elaine Morgan ( Oxford Universidad Press, 1990). Su trabajo es notable. Y para una discusión más en profundidad de los misterios dentro de nuestros genes y aquéllos de las plantas y animales domésticos, vea “Todo lo que Usted Sabe Está Equivocado”.

 

ROMPIENDO FILAS

Cuando todo lo anterior se toma junto–los enigmas inexplicables presentados por las plantas domésticas, los animales domésticos y los humanos–está claro que Darwin no puede explicarlo, que los científicos modernos no pueden explicarlo, ni los Creacionistas ni los defensores del Plan Inteligente. Ninguno de ellos puede explicarlo, porque no es explicable sólo en términos Terrestres.

No contestaremos estas preguntas con algún grado de satisfacción hasta que nuestros científicos abran sus mentes y supriman sus egos lo bastante para reconocer que de hecho no saben mucho sobre su propio patio trasero. Hasta que eso pase, la verdad permanecerá obscurecida.

Mi opinión personal, la cual esta basada en una gran cantidad de investigación independiente en una amplia gama de disciplinas relacionadas con los orígenes humanos, es que finalmente Charles Darwin será el mejor conocido por su observación de que los humanos son esencialmente como animales domésticos.

Creo que lo que Darwin observó con sus propios ojos e investigó es la verdad, y eso los científicos modernos lo verían tan claramente como él lo hizo si sólo tuvieran la motivación o el valor para buscarlo. Pero por ahora ellos no lo hacen así, y hasta entonces, sólo podemos presionarlos e instigarlos con la esperanza de algún día alcanzarlos para hacerles notar nuestras quejas y dirigírselas. A fin de presionar e instigar exitosamente, más personas tienen que proferir alertas al hecho de que otro fraude científico está perpetrándose.

Las ediciones futuras de Iconos de la Evolución discutirán la era actual cuando los científicos ridiculizaron, ignoraron o simplemente se negaron a tratar con una pequeña montaña de evidencia directa y apremiante que la intervención extraterrestre ha estado claramente trabajando en los genes de plantas domésticas, de los animales domésticos y los humanos. “Usted Sabe Quien” ha dejado rastros de su manufactura alrededor de todos nuestros cuerpos, a través de todas nuestras reservas de genes. Todo lo que será requerido para que la verdad salga afuera es que las pocas “personas enteradas” rompan las filas con sus pares lavados del cerebro.

Mire a la generación más joven. Sin hipotecas que pagar, familias que criar y jubilaciones por las cuales prepararse, ellos pueden encontrar el valor para actuar sobre fuertes convicciones. No lo espere de alguien por sobre los cuarenta, posiblemente incluso por sobre los treinta. Pero en alguna parte en el mundo, los hombres y las mujeres que han nacido serán quiénes llevaran al Darwinismo hacia abajo y lo reemplazarán con la verdad.

La señora gorda no está a la vista en ninguna parte, pero eso no significa que ella no está satisfaciéndose

http://www.exopoliticsspain.es/articulos/Art-12.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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